La compatibilidad, un «caballo de Troya» oculto entre las reivindicaciones. El verdadero debate de la huelga médica.

La huelga convocada por los sindicatos médicos contra el nuevo Estatuto Marco ha abierto un debate necesario sobre las condiciones laborales de los facultativos. Nadie puede negar que existen reivindicaciones legítimas: la regulación de las guardias, el exceso de jornada, la falta de reconocimiento de la penosidad del trabajo médico, la jubilación o la necesidad de mejorar la planificación de recursos humanos son cuestiones reales que merecen una respuesta política.

De hecho, el propio Ministerio de Sanidad ha incorporado modificaciones relevantes al texto inicial del Estatuto Marco, incluyendo mejoras en la regulación de las guardias, el reconocimiento de determinadas singularidades del ejercicio médico y otras medidas fruto de la negociación. Sin embargo, los sindicatos convocantes consideran insuficientes estos cambios y han decidido mantener la presión mediante sucesivas jornadas de huelga e incluso anunciando un conflicto indefinido si no se aceptan sus exigencias.

Hasta aquí, el debate es perfectamente legítimo. Lo preocupante comienza cuando algunas reivindicaciones aparentemente inocuas esconden implicaciones mucho más profundas para el futuro de la sanidad pública.

Uno de los ejemplos más llamativos es la insistencia en reclamar la compatibilidad entre el ejercicio público y el privado.

Escuchando determinados discursos sindicales, cualquier ciudadano podría pensar que los médicos españoles tienen prohibido trabajar simultáneamente en ambos sectores. Sin embargo, eso no es cierto. La compatibilidad entre el ejercicio en la sanidad pública y la actividad privada existe desde hace décadas y miles de profesionales la ejercen legalmente, siempre que cumplan los requisitos establecidos por la Ley 53/1984 de incompatibilidades y obtengan la correspondiente autorización administrativa.

Es decir, la compatibilidad no constituye una novedad ni un derecho inexistente que haya que conquistar. La compatibilidad de los medicos es España ya forma parte del ordenamiento jurídico español.

¿por qué la compatibilidad ocupa un lugar tan destacado dentro del discurso sindical?

La respuesta puede encontrarse en un aspecto mucho menos visible del debate: la posibilidad de que los jefes de servicio y otros cargos de responsabilidad de la sanidad pública mantengan simultáneamente puestos de liderazgo o dirección en hospitales privados. Y esto SI es un problema, en la línea de flotación de la SANIDA PUBLICA.

Aquí sí existe una diferencia fundamental.

El Ministerio de Sanidad planteó durante la negociación limitar la compatibilidad para determinados cargos directivos y de responsabilidad, argumentando la necesidad de evitar conflictos de interés. La medida no afecta al conjunto de los médicos, sino específicamente a quienes toman decisiones organizativas, asignan recursos, distribuyen actividad asistencial o ejercen liderazgo sobre servicios completos.

Diversos sindicatos médicos, especialmente AMYTS y organizaciones integradas en el Comité de Huelga, rechazaron frontalmente esta propuesta y defendieron mantener la compatibilidad también para estos cargos.

No resulta difícil comprender la lógica del Ministerio.

Un jefe de servicio posee capacidad para decidir agendas, priorizar técnicas, organizar listas de espera, impulsar determinadas unidades, distribuir recursos humanos o favorecer determinadas líneas asistenciales. Cuando esa misma persona ocupa responsabilidades relevantes dentro de un hospital privado, aparece inevitablemente un potencial conflicto de intereses, aunque nunca llegue a materializarse una conducta irregular.

En ética pública no basta con que una actuación sea legal. También debe ser percibida como imparcial. Y por supuesto, entre el colectivo médico tambien hay alguna fruta podrida. Como en cualquier sitio. .

Las democracias modernas llevan décadas desarrollando normas destinadas precisamente a evitar estas situaciones. Jueces, altos funcionarios, reguladores económicos o responsables políticos aceptan limitaciones en determinadas actividades privadas precisamente porque el interés general exige minimizar cualquier sospecha de conflicto.

Resulta llamativo que una parte del sindicalismo médico presente estas limitaciones como un ataque a la libertad profesional cuando, en realidad, afectan únicamente al ejercicio simultáneo de posiciones de poder. Y más aun, afecta a solo un puñado de profesionales, una cifra que seria despreciable en términos científicos. ¿No parece un poco raro?

Aquí aparece una cuestión que apenas ocupa espacio en el debate público.

La mayor parte de los médicos no son jefes de servicio.

La inmensa mayoría de los facultativos no dirige hospitales, no decide contrataciones, no organiza presupuestos ni controla listas de espera. Para nosotros, la compatibilidad ya existe y seguiría existiendo.

Quienes realmente se verían afectados serían un grupo relativamente reducido de profesionales con importantes responsabilidades de gestión.

Por ello cabe preguntarse si la insistencia permanente de los Sindicatos Médicos en hablar de «compatibilidad público-privada» no termina mezclando dos debates muy diferentes.

Uno consiste en defender un derecho que ya existe, lo que parece un poco estúpido

El otro consiste en permitir que quienes ostentan posiciones de dirección dentro del sistema público puedan ejercer simultáneamente funciones equivalentes dentro de empresas privadas sanitarias.

Ese es el auténtico punto de conflicto y de muchos intereses.

Presentar ambos asuntos como si fueran exactamente lo mismo puede generar una percepción distorsionada del debate. De hecho hay muchos profesionales que piensan que el nuevo Estatuto Marco elimina la compatibilidad, y los responsables de estas confusiones son los que estan mezclando permanentemente y posiblemente de forma interesada

No puede afirmarse como un hecho demostrado que esta estrategia sea deliberada o que constituya el verdadero objetivo oculto de la huelga. Eso pertenece al terreno de la interpretación política. Sin embargo, resulta legítimo preguntarse por qué un asunto que afecta únicamente a una minoría dirigente aparece diluido dentro de una reivindicación mucho más amplia y fácilmente compartida por el conjunto de la profesión.

Es una técnica conocida en política: vincular una medida controvertida con otra ampliamente aceptada para aumentar su legitimidad social.

El denominado «caballo de Troya» no consiste en ocultar una reivindicación inexistente, sino en introducir una demanda de enorme trascendencia bajo el paraguas de otra que genera consenso.

Mientras el debate público gira alrededor del derecho de los médicos a trabajar también en la privada —algo que prácticamente nadie cuestiona— pasa mucho más desapercibida la discusión sobre la compatibilidad de quienes ejercen funciones directivas dentro del Sistema Nacional de Salud.

La cuestión, en realidad, trasciende incluso a los sindicatos. Ya sabemos como se las gastan las grandes empresas de la Sanidad Privada y son las primeras con intereses multimillonarios en esto.

La sanidad pública necesita atraer talento, reconocer el mérito y ofrecer carreras profesionales competitivas, ademas de conervar la salud mental de l@s medic@s. Pero también necesita preservar la confianza ciudadana.

Cuando un paciente acude a un hospital público debe tiene la certeza de que todas las decisiones organizativas responden exclusivamente al interés del sistema público y en defensa de los salud y nunca pueden verse condicionadas, ni siquiera potencialmente, por intereses empresariales externos.

No se trata de poner en duda la honestidad de los jefes de servicio. No, bajo ningún concepto. La inmensa mayoría desarrolla su trabajo con absoluta profesionalidad, en condiciones de extrema exigencia y con escasos recursos.

Precisamente porque la inmensa mayoría actúa correctamente, las instituciones deben diseñarse para que no existan incentivos ni sospechas de conflicto. Y vaya por delante, en esta ocasion, el Ministerio ha acertado.

«La enorme resistencia a esta medida, con eslóganes que han llegado a encabezar nuestras manifestaciones, es quizás la confirmación de la oposición de actores de enorme poder que no tienen la salud ni la profesional en el centro de sus intereses»

La confianza en las instituciones sanitarias constituye uno de los pilares del Estado. Y esa confianza depende tanto de la excelencia clínica como de la integridad de su gobernanza. Por eso el verdadero debate no debería centrarse en si los médicos pueden trabajar en la privada. Eso ya ocurre y seguirá ocurriendo.

La pregunta realmente importante es otra: ¿deben quienes dirigen servicios públicos, administran recursos públicos y toman decisiones estratégicas poder ejercer simultáneamente cargos de responsabilidad en empresas privadas que operan en el mismo mercado sanitario?

Responder a esa cuestión exige un debate sereno, transparente y honesto. Yo opino que donde tengas la olla no metas la…

¿No crees que esto merece mucha más atención pública de la que está recibiendo?

Si quieres algunas referencias para seguir investigando el tema por tu cuenta:

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