
Desde colirios a ansiolíticos, consulte el listado de fármacos antes de coger el volante
Hoy en día los conductores conviven con tratamientos farmacológicos necesarios para su salud, pero que pueden afectar a su capacidad para ponerse al volante. Actualmente, uno de cada tres conductores habituales (34%) reconoce coger el coche bajo los efectos de medicamentos que pueden interferir en la conducción, una realidad que incrementa la exposición potencial al riesgo vial. Sin embargo, a pesar de que podrían estar relacionados con entre el 5% y el 10% de los siniestros de tráfico, la toma de fármacos sigue fuera del radar preventivo de los conductores y su riesgo continúa siendo poco visible para gran parte de la población.

Grupos de medicamentos con mayor efecto en la conducción
- Aquellos que actúan sobre sistema nervioso central: antidepresivos, ansiolíticos, hipnóticos, antipsicóticos, etc.
- Antihistamínicos utilizados para el tratamiento de la alergia.
- Relajantes musculares.
- Algunos colirios.
- Numerosos antineoplásicos e inmunomoduladores.
Esta es una de las principales conclusiones del estudio ‘Fármacos y Conducción’, elaborado por la Fundación MAPFRE y la Fundación Bidafarma, con la colaboración de la DGT y el Consejo General de Colegios Farmacéuticos). El objetivo del documento es explorar en profundidad el nivel de conocimiento y de concienciación de la población sobre la conducción bajo los efectos de la medicación. Así como analizar sus percepciones y reacciones ante los posibles riesgos asociados.
Se ha puesto en evidencia la necesidad de seguir sensibilizando sobre el impacto de los fármacos en la conducción. Reforzando la concienciación sobre un riesgo todavía poco integrado en los hábitos preventivos de los conductores. Más aún teniendo en cuenta que tres de cada cuatro conductores habituales (75%) han tomado medicación que pueda afectar a la conducción en los últimos tres años.
El riesgo que los conductores no ven
El estudio alerta de que los efectos secundarios de los fármacos aún no preocupan a los conductores antes de ponerse al volante, pese a que pueden afectar a la atención, los reflejos y la capacidad de reacción. De hecho, revela una importante contradicción entre lo que los conductores saben y lo que realmente hacen. Al preguntarles explícitamente sobre cómo sitúan el nivel de riesgo del consumo de medicamentos, lo puntúan con un 6,9 sobre 9 puntos. Y el 83% considera que los medicamentos pueden representar un riesgo alto para la conducción.
Sin embargo, a la hora de valorar las situaciones en las que se extrema la precaución, únicamente el 26% afirma hacerlo cuando toma medicación. Y solo un 3% lo menciona espontáneamente lo que implica que no está incorporado dentro del denominado «check mental» que activa las conductas preventivas antes de conducir. En cambio, situaciones como la lluvia (72%), la conducción nocturna (60%) o el cansancio (53%) generan elevados niveles de alerta entre los conductores.
Una falsa sensación de control
La investigación identifica una elevada confianza de los conductores en su propia capacidad para evaluar los efectos de los medicamentos. De hecho, el 61% de todos los conductores medicados declara que su medicación no afecta o afecta poco a su capacidad de conducción (una cifra que aumenta al 73% en el caso de los que, además de tomar medicación, decide seguir conduciendo bajo los efectos de los fármacos), algo que, a priori, es difícil de afirmar puesto que algunos síntomas o efectos secundarios pueden ser difíciles de percibir.
Si se analizan concretamente los resultados de los encuestados que conducen y toman fármacos, la mitad (49%) reconoce haber notado síntomas tras tomar la medicación como somnolencia, fatiga, disminución de reflejos, menor atención o capacidad de reacción más lenta.
Sin embargo, la respuesta más habitual no es dejar de conducir, sino adaptar la conducción reduciendo la velocidad o extremando precauciones.
No solo ansiolíticos, también otros tipos de medicamentos
El informe constata que los conductores identifican con mayor facilidad el riesgo asociado a determinados medicamentos como aquellos que se usan para dormir, la ansiedad, la depresión o el dolor intenso. No obstante, tienden a infravalorar los efectos sobre la conducción de otros medicamentos de uso frecuente y ampliamente normalizados. Pese a que también pueden afectar a la conducción, como antigripales, antitusivos, antihistamínicos, relajantes musculares o determinados productos “naturales” utilizados para dormir o relajarse.
Además, los expertos advierten del aumento de la polimedicación y de la normalización del consumo de medicamentos sin receta. Una realidad que puede incrementar el riesgo al volante cuando se combinan distintos tratamientos o se mezclan con alcohol u otras sustancias. Y es que la combinación de distintos tratamientos puede generar efectos acumulativos e interacciones farmacológicas.
Perfil del conductor con mayor exposición al riesgo
El perfil del conductor que coge el coche bajo los efectos de fármacos se caracteriza por tener una media de edad de 50 años, sin clara distinción de sexo. Además, utilizan el coche para gestiones diarias y personales (73%). Y cuentan con una mayor antigüedad al volante (un 64% lleva más de 20 años con carné).
La prevención empieza antes de arrancar el motor
El estudio señala que la prevención debe activarse antes de empezar el tratamiento, no cuando la persona ya está al volante. En este sentido, la prescripción en consulta médica (69%) y la dispensación en farmacia (49%) son los momentos más eficaces para recibir información sobre los riesgos. Y generar una conducta preventiva.
Y es que las fuentes sanitarias son las que generan más confianza y recuerdo, especialmente médicos especialistas, de atención primaria y farmacéuticos. De hecho, la investigación destaca su papel clave para activar decisiones preventivas antes de que el conductor se ponga al volante.
Informados, pero no prevenidos
Uno de los hallazgos más relevantes del documento es que el problema no parece estar relacionado con la falta de información. El 93% de los conductores medicados afirma haber recibido advertencias o mensajes sobre los riesgos de conducir tras tomar determinados medicamentos. Sin embargo, la información no siempre se traduce en cambios de comportamiento. De hecho, existe una brecha de 26 puntos entre conocer el riesgo y actuar preventivamente.
Entre quienes conducen medicados, esa distancia alcanza los 51 puntos porcentuales. Esto evidencia la necesidad de activar medidas formativas e incluso correctivas entre ciertos perfiles con mayor exposición al riesgo.
Convertir la advertencia en una señal real y visible
El pictograma de conducción, presente en algunos medicamentos desde el año 2007, también tiene un importante potencial como recordatorio preventivo. Pero su conocimiento aún no está plenamente consolidado.
Romper el mito del “yo controlo”
Ante estos resultados, el informe concluye que es necesario reforzar la visibilidad del riesgo. Y trabajar de forma coordinada y multicanal entre profesionales sanitarios, administraciones públicas, autoescuelas, medios de comunicación y canales digitales.
La estrategia debe combinar información sobre los riesgos y campañas de concienciación con mensajes emocionales, de manera similar a como se hace con el consumo de alcohol, el cansancio o las condiciones meteorológicas adversas: antes de arrancar, los conductores deben preguntarse no solo si han bebido, si tienen sueño o si están cansados, sino también si han tomado algún medicamento que pueda afectar a su seguridad y a la de los demás.
La entrada Leer el prospecto antes de conducir es ‘vital’ se publicó primero en Diario Sanitario.

