
Meses de huelgas y miles de citas canceladas
Durante meses hemos presenciado cómo la tensión en la sanidad pública se elevaba a categoría de crisis de Estado. Se anunciaban huelgas de médicos, se agitaban pancartas y se señalaba con el dedo acusador hacia un único culpable predeterminado: el Ministerio de Sanidad y al a Ministra Mónica García.
El resultado, miles de citas canceladas, cirugías demoradas y empeoramiento de las listas de espera. Además del enfado de la ciudadanía y a la vez del personal médico.
El Ministerio y El Estatuto propio
El relato estaba perfectamente construido. La causa declarada era la necesidad ineludible de un Estatuto Marco propio para la profesión médica y la ruptura de un marco compartido con el resto de sanitarios que, supuestamente, asfixiaba las condiciones de los facultativos.
Bajo este mismo pretexto, se estaban colando otras reivindicaciones cuando menos, cuestionables, poniendo como ejemplo la compatibilidad para los jefes de servicio.
Desde hacía tiempo, muchos compañeros y compañeras elevamos la voz preguntando «¿Y si con esta huelga no estamos consiguiendo lo que se pretende?»
Intereses políticos por encima del interés del colectivo médico
El desenlace en Andalucía ha terminado por desnudar las costuras de este discurso. Bastó con que la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, bajo el Gobierno de Juanma Moreno Bonilla, pusiera sobre la mesa una mejora económica en la retribución de las guardias y en la atención continuada para que el Sindicato Médico Andaluz (SMA) desactivara de un plumazo las convocatorias de protesta y la amenaza de huelga.
La rapidez con la que se ha firmado la paz social tras este acuerdo monetario deja al descubierto dos realidades incómodas que exigen un análisis desapasionado y riguroso.
En primer lugar, se confirma lo que era un secreto a voces en los pasillos hospitalarios y en los centros de salud: el conflicto sanitario ha tenido una innegable carga de presión política.
Resulta llamativo cómo la agresividad sindical hacia la administración estatal se diluye y se transforma en voluntad de entendimiento cuando el interlocutor es un gobierno autonómico de signo conservador. Pero durante años, habian estado muertos.
La sintonía ideológica —o, al menos, la evidente falta de voluntad de desgastar al ejecutivo de Moreno Bonilla que ya le salpicaba— ha contrastado de forma llamativa con la dureza de los ultimátums dirigidos al Gobierno Central y al Ministerio de Sanidad.
[…»la nitidez con la que se ha escenificado esta vez roza el descaro. La huelga era una palanca de presión política de forma coordinada.»]
No es una dinámica nueva en el sindicalismo médico corporativo, históricamente inclinado hacia posiciones conservadoras, pero la nitidez con la que se ha escenificado esta vez roza el descaro. La huelga no era solo una herramienta de reivindicación laboral; era una palanca de presión política azuzada de forma coordinada.
El Ministerio, pero las CCAA también.
En segundo lugar, este episodio desmonta el gran mito retórico que ha sostenido las protestas de los últimos meses: la coartada del Estatuto Médico propio y el señalamiento al Ministerio como responsable de todos los males del colectivo médico.
Durante meses se intentó convencer a la opinión pública de que los males de la profesión (el agotamiento, las agendas infinitas, la precariedad de las guardias) derivaban de una normativa estatal rígida e insensible. Sin embargo, la resolución del conflicto andaluz ha demostrado que la pelota siempre ha estado, y sigue estando, en el ámbito autonómico.
«…la resolución del conflicto andaluz ha demostrado que la pelota siempre ha estado, y sigue estando, en el ámbito autonómico.»
La sanidad en España es una competencia plenamente transferida desde hace más de dos décadas. Las Comunidades Autónomas no solo gestionan el presupuesto; son las que deciden cuántos profesionales contratan, cómo organizan la Atención Primaria, cómo abonan las horas extraordinarias y qué precio le ponen a la salud mental de sus trabajadores tras una guardia de 24 horas.
Defendemos la necesidad de exigir reformas normativas a nivel central pero no se puede disculpar el ahogo presupuestario y organizativo ejercido por las Consejerías de Salud autonómicas, los recortes y la sobrecarga. Sería un ejercicio de cinismo insostenible.
La guardia de la discordia: cuando la huelga médica perdió la excusa estatal
Al aceptar la subida del precio de las guardias como moneda de cambio para desconvocar la huelga (junto a un número de cambios importante), el Sindicato Médico ha dejado al descubierto que sus verdaderas prioridades nunca han sido ni el Estatuto Médico, ni la reforma integral de la profesión ni el modelo de la sanidad pública, si no que la cuestión política para no dañar a sus amigos y un retoque económico y organizativo con un acuerdo siempre a «desarrollar».
Las guardias médicas en Andalucía y en el conjunto de España requerían —y requieren— un reconocimiento digno y un pago justo que ponga fin a décadas de explotación horaria. Nadie discute la necesidad de retribuir adecuadamente el esfuerzo de quienes velamos por la salud de los paciente 24/7. Lo que dej tufo es el uso de nuestras reivindicaciones y la movilización.
¿Entonces no era el Ministerio el responsable?
La paz firmada entre la Junta de Andalucía y el Sindicato Médico deja un regusto amargo para quienes defienden la Sanidad Pública desde una perspectiva integral. Revela que el corporativismo ha priorizado el beneficio inmediato y la cobertura política a un Gobierno afín frente a una lucha global por el modelo sanitario. Demuestra, sobre todo, que las autonomías no pueden seguir escondiéndose detrás de la maraña burocrática del Ministerio para justificar sus propios tijeretazos o su falta de gestión.
Moreno Bonilla ha firmado un cheque para comprar tranquilidad en los hospitales andaluces, y el Sindicato Médico lo ha cobrado gustoso. Adios a las pancartas y nuestras reinvidicaciones.
Pero surge una duda importante. ¿Con quien de nosotros y nosotras ha contado el Secretario del Sindicato Medico Andaluz? ¿Ha convocado a las y los medicos para preguntarnos? ¿Si, en pleno verano?ha negociado?
Si tienes la sensación de que han jugado con nosotros, estoy de acuerdo contigo. Esta lección, deja al descubierto la fragilidad que los sindicatos médicos realmente tienen, y han perdido sin duda la confianza de miles, al habernos abierto los ojos de una bofetada.
